Sinceramente creo que es necesario revisar con urgencia el rol de la mujer en la vida familiar; sí, urge chequear la descripción de cargo para cada integrante del grupo familiar, porque hay algunas cosas que a estas alturas ya no corren.A raíz de mi cambio de casa y todas las modificaciones que implica el vivir en pareja, he pensado mucho en que nuestra sociedad continua con una idea tan obsoleta de las obligaciones de cada integrante de la familia. Cuando digo obligaciones me refiero a las tareas domésticas que debe cumplir cada uno para que la convivencia sea adecuada dentro de una casa y para vivir en condiciones dignas.
En la antigüedad la mujer estaba tiempo completo en la casa, únicamente dedicada a las labores domesticas y a los hijos, no realizaba ningún tipo de actividad que aportara un ingreso al hogar o que implicara una inversión de tiempo adicional en su día; siendo así, era evidente que el marido trabajador pudiera liberarse de los quehaceres, ya que de esta manera se equilibraban un poco las responsabilidades y lo que cada uno podía entregar en la práctica para hacer próspera su familia. Bien, nada que decir sobre esto.
El problema es que el escenario actual es bastante distinto: la mayoría de las mujeres de hoy trabajan en el mismo horario que sus esposos y bajo condiciones similares, todavía el tema salarial marca alguna diferencia pero el aporte femenino al presupuesto familiar no deja de ser importante. Sin embargo, históricamente se nos ha tirado encima la responsabilidad de las labores hogareñas (llámese lavar, planchar, cocinar, barrer, sacudir, etc.) como algo casi que te corresponde hacer desde el día que llegaste al mundo siendo mujer. Claro está que es un pensamiento colectivo y el global de las mujeres lo tiene más que asumido, no obstante, me pregunto: ¿es una premisa que podemos considerar vigente?... objetivamente creo que no.
La mejor prueba de esto me la dio ayer mi querido pololo, cuando al llegar a casa me esperaba con una gran sonrisa y al verme no aguantó las ganas de decir que había hecho varias cosas de la casa, enfatizando lo mucho que él ME AYUDABA . En el fondo, el mensaje que está detrás de sus palabras (sin desconocer que fue con buena intensión ni calificar a los hombres de flojos) es que él había hecho algo que me corresponde hacer; ¿por qué?, porque históricamente se asume de esa manera. ¿Cómo hacerlo entender que no me está ayudando porque en realidad se está haciendo cargo de sus propias necesidades?, ¿o sólo yo como en esos platos?...
Lo más extraño de todo es que somos nosotras las mujeres, quienes más alimentamos esta creencia (labores del hogar=deber de la mujer), ¿a quién no le ha tocado escuchar alguna vez algo como: “no, esa mujer es floja, el pobre tiene que lavar sólo su ropita”… ja ja ja. Pero si es su ropa poh!!! ¿Quién tendría que lavarla?
Aunque a mi madre le dé un ataque, en mi casa las cosas no funcionarán así, incluso si para eso tengo que hipnotizar a mi pololo para hacerlo entender que los tiempos han cambiado y que las tareas domésticas son obligación de todos los integrantes de la familia, así comprenderá que al hacer la cama no me está ayudando sino que se está ayudando a sí mismo también y en el fondo al bien común de su propia familia.